
Con los cambios sufridos en el ámbito económico durante las últimas dos década, el funcionamiento y las responsabilidades de muchos organismos se ha visto alterado en gran medida. Uno de ellos es el Banco de España, el cual, al reducir sus tareas de forma importante nos arroja la pregunta de ¿resulta útil hoy en día?
El Banco de España, previamente a la inclusión de España en la Unión Monetaria Europea, se encargaba, como tareas más importantes, de controlar los tipos de interés en el ámbito nacional y gestionar el valor monetario de la moneda en curso (la peseta por aquel entonces) respecto a otros países, teniendo potestad para devaluar la moneda. También sus funciones albergaban un control de gestión de los bancos operantes en el territorio nacional, desempeño que se mantiene también en la actualidad.
La primera tarea, el control de los tipos de interés, permitía al Banco de España influir de manera casi directa sobre el consumo, controlando de esta manera la economía de acuerdo con el ciclo económico en el que España se encontraba. Por otro lado, la segunda de las tareas, la de poder devaluar la moneda, permitía al Banco de España influir de la misma forma sobre importaciones y exportaciones.
Sin embargo, con la creación de la Unión Monetaria desaparecen estas dos funciones comentadas en el párrafo anterior. Es el Banco Central Europeo el que asume desde ese momento estas dos potestades, desarrollándose a nivel europeo las decisiones sobre tipos de interés y devaluaciones monetarias (aunque esta última opción nunca la han puesto en marcha).
Por tanto, el Banco de España (y con ello todos los Bancos Centrales de cada país inmerso en la Unión Monetaria) quedan con sus funciones relegadas al mero hecho de control de gestión de aquellos bancos que operan a nivel nacional.(algunas funciones mínimas también mantienen pero no se consideran de gran trascendencia). En concreto, esta función es definida por la propia entidad como “Supervisar la solvencia y el cumplimiento de la normativa específica de las entidades de crédito, otras entidades y mercados financieros cuya supervisión se le ha atribuido“.
Pero las grandes catástrofes financieras que se están descubriendo en cada una de las Cajas y Bancos debidas a una mala gestión de sus activos, las cuales, pretendiendo obtener un beneficio por encima de lo considerado normal, apalancaron gran parte de éstos en un sector que vivía en una burbuja (el ladrillo). Y no obstante, es el Banco de España el que como controlador nacional de estas actuaciones se ha quedado con los brazos cruzados e incluso maravillado por la falsa “Champions League” en la que vivía el sector financiero español.
Un organismo de control, que retirado de muchas de sus funciones por la Unión Monetaria, únicamente precisa centrar sus esfuerzos en esta función principal, debería haber sido capaz de analizar la verdadera situación de las entidades de crédito, obligándoles a provisionar lo realmente necesario y evitar que la situación se volviera tan insostenible como lo es en la actualidad.
No tienen menos culpa todos estos Bancos y Cajas, pero sin duda, este organismo debería rendir cuentas a todos los españoles, que pagamos con nuestros impuestos su trabajo y que sin duda no ha realizado su trabajo con el fin para el que estaba concebido. Ahora estamos pagando sus consecuencias a través del empleo de dinero público para buscar soluciones, y sin haber nombrado al Banco de España como “imputado” de ninguna responsabilidad.
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